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Tradicionalmente han existido opciones de organización de la sociedad de izquierda y de derecha. En Colombia hablamos de ello y hasta suele decirse que Duque es de derecha y que Petro es de izquierda y que es mejor votar por alguien que no sea tan de derecha o tan de izquierda, que no hay que ir a los extremos.
Advierto que no soy politólogo ni especialista en derecho o político de profesión y lo advierto para que se sepa que lo que voy a afirmar es puro sentido común, pero quiero compartirlo.
La gente de derecha usualmente está satisfecha con la forma de organización social que tenemos, los principios, los ideales que nos mueven y las perspectivas de desarrollo que surgen de ellas, se dice que son tradicionalistas y conservadores y en el marco de esto proponen un futuro para el país.
La gente de izquierda usualmente está descontenta con la organización de la sociedad y propone cambios que serán más o menos radicales hasta tal punto que algunos de ellos cuestionarán la propiedad de los medios de producción o la existencia de la propiedad privada o la existencia de tres ramas del poder.
Y entre estos dos extremos existen multitud de posibilidades. Por lo que estamos viviendo las propuestas que plantean los unos y los otros tienen que ver con la organización del estado y entonces todos hablan de los derechos humanos y de la necesidad de defenderlos, hablan en contra de la inequidad y hablan de la conveniencia de un gobierno pulcro, que no se robe la plata.
 Sin embargo, cuando considero los actuales candidatos encuentro que NO hay nadie genuinamente de izquierda. Nadie está proponiendo una forma diferente de organización social, nadie cuestiona la propiedad privada. Lo que encuentro son conservadores, es gente que dice o cree o quiere que el país progrese en el marco de los principios confesables de todos, en el marco de la Constitución vigente.
 
Entonces: ¿Cuál es la diferencia?  El asunto es que cuando se mira lo que se ha hecho desde el gobierno, nos encontramos con que hay una exagerada diferencia entre pobres y ricos, una carencia de propuestas de país a largo plazo y un robo sistemático de los recursos con que se cuenta, propiciados por los gobiernos, hasta tal punto que muchas leyes se han aprobado para legalizar los despojos o para repartirse entre unos pocos los presupuestos de la educación, de las vías, de la salud o del desarrollo del agro.
 
Y la discusión de las campañas se simplifica entre otras cosas porque hay quienes se sostienen que ellos y solo ellos tienen derecho a continuar gobernando, independientemente de los fracasos de siempre y de su precaria preparación para asumir los retos.
Así pues, no hay derecha ni izquierda genuinas, las diferencias están en que unos quieren legalizar los despojos y seguir robando mientras los otros quieren poner fin a esas prácticas y aproximarse a lo que sería cumplir con los derechos humanos.
 
Dino Segura