Los datos que nos llegan de todas partes acerca del cambio climático han ocasionado preocupación más no sorpresa pues, como dicen los especialistas y repetimos los que no somos especialistas, era algo anunciado. Los límites de temperatura se están logrando decenas de años antes de lo pronosticado. Y entonces encontramos que es un tema de alcances aterradores e inmediatos. Hablamos entonces de la exploración y explotación de fuentes fósiles, de las guerras de hoy y de siempre, …, de los incumplimientos de los acuerdos que al final todos votan, pero nadie asume…
Es natural que todos estemos preocupados porque de alguna manera esto nos afecta a todos, independientemente de las cuentas bancarias de cada quien.
Por otro lado, si se avanza un poco en la comprensión de por qué no se ha cumplido con los acuerdos, nos encontramos con que el sistema económico que se ha interiorizado como cultura es la gran dificultad. Somos una sociedad depredadora, culturalmente depredadora.
Pero, además, otra consecuencia del sistema económico, que también todos conocemos, es la inequidad. La inequidad es inherente a las dinámicas de la globalización y es una consecuencia, como el cambio climático, de ser incapaces de detener esa carrera desaforada de lograr más y más ventajas económicas, que a la hora de la verdad sólo tiene como límite los límites del planeta, su existencia. Es por ello que me refiero a la depredación como característica del modelo y con ello, como característica de nuestra sociedad y más aún, como característica de nosotros mismos. Los depredadores no tienen límites.
Esas dos situaciones que como amenaza estamos viviendo: el cambio climático y la inequidad son devastadoras, pero precisamente debido a la inequidad, existen en el momento más alarmas por el cambio climático que por la inequidad. Y posiblemente quienes manifiestan más preocupación por el cambio son quienes están relativamente distantes de las consecuencias inmediatas de la inequidad.
Ante esta situación, escuchaba en un programa de radio, a los especialistas (entre ellos profesionales y exministros) quienes señalaban a la vez lo que deberían a hacer los gobiernos en frente de esas desigualdades y diferencias y lo que debería ser la política de nuestro próximo presidente. Por ejemplo, se piensa que los que más tienen (los ricos) deberían financiar a los pobres para que estos tuviesen capacidad para avanzar en los cambios que no pueden adelantar los ricos, sabiendo que los cambios que hagan los pobres jamás compensarán las consecuencias de lo que hacen los ricos, para seguir siendo ricos.
Sí, se plantean muchas críticas a la falta de responsabilidad por no cumplir con lo acordado. Se plantea lo que deben hacer los gobiernos, Se plantea siempre en tercera persona. Los que deben cambiar son los otros. Nosotros somos los espectadores de esta debacle.
Existe pues la tendencia a considerarnos espectadores de una gran tragedia. Resulta que sabemos lo que debe hacerse; mejor, lo que deben hacer los otros pero no tenemos ni idea de lo que debemos hacer nosotros mismos. Y entonces encontramos y señalamos a los culpables, que nunca somos nosotros, nosotros estamos al margen, somos si acaso víctimas.
Y estamos como estamos porque no hemos querido ser protagonistas. Es más cómodo ser espectadores.
Qué hemos hecho cada uno de nosotros para mejorar las cosas:
¿Hemos reducido nuestro consumo de energía?
¿Hemos cambiado nuestros hábitos consumistas de ropa, de comida, de entretenimiento, …?
¿Hemos avanzado algo en la superación de las satisfacciones individualistas por opciones colectivas?
Seguimos consumiendo venenos, como los alimentos ultra-procesados y las bebidas azucaradas.
El asunto es que estas cosas así sean muy puntuales son puntos generadores de conductas y transformaciones. Veamos un ejemplo, mejor alimentación se traduce en menores enfermedades, que se traduce en mejores opciones hospitalarias y de costos médicos que se traduce en mejor atención para todos, que se traduce en menores costos para el sistema, que se traduce en ventajas para toda la población.
Y así …El cambio climático como la inequidad son asuntos enormes en su complejidad y tamaño económico. Pero cuando culturalmente se dan cambios son millones las personas que cambian y así sean muy pequeños los cambios puntuales los efectos pueden ser muy grandes como sucede con el efecto mariposa.
Creo que si se logra reversar el cambio climático o mitigar las inequidades es porque las sociedades cambian, no solo porque las políticas sean otras y nos impongan otras maneras de ser y de vivir, es fundamentalmente porque nosotros hemos decidido vivir de otra manera.
Mientras se logran cambios en las políticas podemos ir avanzando en cambios culturales, que no solo son los que podemos emprender nosotros mismos sino los que de verdad solucionan los problemas.